Después de algunos días de jugada la tan ansiada final “Copa del Rey”, se pueden hacer algunas reflexiones y comentarios sobre lo ocurrido en el terreno de juego. Preferí esperar unos días y tratar de comentar lo más objetivamente posible sobre una versión más del Derby español, a diferencia de lo que ocurre con cierto sector de la prensa, los cuales suelen parcializarse con algún u otro equipo.
Tal como habían comentado los entrenadores de ambos clubes en la previa, este partido iba a ser completamente distinto a los jugados en la Liga Española, o a los próximos correspondientes a la Liga de Campeones. Se trataban de noventa minutos, los cuales tenían como resultado compartir minutos en el estrado con el Rey de España, o simplemente observar e irse tristes a sus casas.
Después de lo visto el sábado, era previsible que el Real Madrid repitiera equipo, y a grandes rasgos el sistema de juego a emplear ante los blaugranas. Las dos novedades consistieron en la inclusión de Ozil por Benzema, y de esta forma que Cristiano Ronaldo se mueva sólo por todo el frente de ataque. En segundo lugar, el ingreso de Álvaro Arbeloa como lateral de derecho para que Sergio Ramos ocupe el puesto del sancionado Raúl Albiol. Los demás prácticamente repitieron. El sistema se basó en ejercer la misma presión sobre el Barcelona F.C., pero varios metros más adelante. La consigna se tradujo no en evitar que Messi, Iniesta o Xavi elaboren juego, sino en evitar la salida del Barza, aquella salida que normalmente la da Busquets o Piqué. Pepe y Kedhira se situaron en tres cuartos de cancha para que el balón no salga de manera limpia. Sin embargo, si el balón rodaba metros más adelante ocupaban y trataban de agruparse ocho o nueve jugadores por detrás del balón. Se trató de un despliegue físico envidiable e impecable por parte de los blancos. Y de esta forma apenas recuperen el balón aprovechar la velocidad de Di María, CR7.
En la acera del frente los azulgranas saltaron al gramado de juego con su clásico 4-3-3, el libreto de siempre, el Pep sólo les pidió a sus jugadores más profundidad. La única duda que surgía antes del partido consistía en saber quién sería el reemplazante de Puyi. Y, es acá donde el Barcelona suele hacerse grande, apelando a su filosofía de juego en la cual, los jugadores están capacitados para jugar en cualquier posición. Ya lo había hecho Busquets de defensa central, así como Abidal, no nos olvidemos que Affelay puede jugar de extremo o medio centro, Adriano puede jugar por cualquiera de las bandas. Sin embargo, le tocó al “Jefecito”, quien pese a jugar toda su vida como medio centro, demostró que tiene espacio para jugar en el Barza y capacidad de adaptación a otros puestos, tal como lo requiere la filosofía de juego del Pep.
El partido a diferencia de lo visto el sábado, resultó emocionante y vibrante, hubo oportunidades para ambos clubes, apostando por diferentes estilos y cada uno apelando a una idea distinta de juego, pero ambos se daban maña para tratar de inquietar a los porteros rivales.
Tal como declaró Mou en rueda de prensa después del encuentro, resultó ser cada equipo mejor en un tiempo determinado. El primero fue blanco, el segundo culé.
Los dos equipos apretaron, marcaron, llegaron e inquietaron. Como conclusión general, diría que el partido lo pudo ganar cualquiera. Se trató de una competencia en el campo, en la cual se podía apreciar dos métodos completamente válidos para alcanzar el mismo objetivo. No deberíamos olvidar el papel fundamental que desarrolló Iker en la segunda mitad, reafirmando que es portero de la selección campeona del mundo. Se suele decir, que existen dos clases de porteros, los buenos y los que salvan partidos, pues Iker es uno de éstos. Sus atajadas fueron determinantes para que los catalanes no puedan adelantar el marcador.
Fue un gran partido, exquisito desde la emoción y desde la táctica empleada por merengues y azulgranas. El resultado fue blanco, pues mediante una contra en tiempo suplementario, en la que Di María le gana la partida a Alves logrando sacar un centro perfecto para que CR7 defina también mediante un cabezazo de manera impecable, batiendo a Pinto.
Ambos métodos de juego, en lo personal son completamente válidos. Uno nos podrá gustar más que otro, o simplemente no nos guste uno y nos enamoremos de otro. Pero son estilos respetables y admirables.
Ahora que el Madrid ganó, observaremos cómo la prensa alaba el juego del Madrid, cuando días atrás fueron los primeros críticos de aquella táctica defensiva empleada. Prensa completamente resultadista. Los resultados mandan en el fútbol y en cualquier deporte, pero los partidos deben analizarse y leerse mucho más allá del marcador, existen otros indicadores y patrones de juego, que también resultan objetivos para hablar sobre fútbol. No manchemos al fútbol y seamos consecuentes con lo que afirmamos, evitando los dobles discursos.
Mou le ganó la partida al Pep y queda la sensación que le va tomando el pulso al Barcelona. Los partidos que se vienen tendrán una tónica distinta. Ambos tienen armas distintas para enfrentarse en esta guerra de 180 minutos, que dará como resultado que un equipo español juegue la final de la Liga de Campeones.
Esperemos y disfrutemos.